viernes, 30 de octubre de 2015

Escuela de ternura

Soy una escritora con millones de amantes. Y este último, va por ti.

Acudo aquí como lo hacía en otros tiempos. Las circunstancias son diferentes, pero no las razones: te echo de menos.

Sé que exagero cuando digo que en menos de un día me calaste. Pero sé que no exagero cuando digo que me gustaría saber de ti, y conocer tu vida día a día.

Cual sabia, sé que hubo algo y que había de las dos partes. El ambiente lo favorecía y bendito que lo fue.

También sé que verte hablar a niños de algo tan importante para mi aceleró mi corazón y creó un sentimiento de la misma ternura de la que hablabas.

Sé que querías darme la mano. Y sé que yo también quería. Menos mal que el término imposible desapareció de tu cabeza y lograste ingeniártelas para contradecir al propio concepto. Y menudo ingenio.

Me gusta que quieras estar conmigo. Aguantar hasta el final solo para gastar hasta el último minuto conmigo. Y me gusta que me abraces, y que no te contengas.

También me gusta decirte que eres menor que yo. Y que tu me contradigas con argumentos propios de chicos de tu edad.

Pero lo que no me gusta es que ahora no sepa de ti. Porque sé que nos encontramos por algo y ahora no podemos volver a hacerlo. O sí.

Destino, lo dejo en tus manos.

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